Qué hacer en Llanes si llueve: planes para disfrutar de Asturias
- elnidodelaardillae
- 30 jun
- 10 min de lectura
Actualizado: 11 ago
En Asturias la lluvia forma parte del paisaje y, aunque todos soñamos con días de sol junto al mar, lo cierto es que Llanes también tiene muchísimo encanto cuando el tiempo cambia.
De hecho, muchas veces esos días de lluvia suave, niebla y cielos grises son los que hacen que Asturias tenga esa atmósfera tan especial.
En el norte, cuando hay sol, todo tira hacia la playa: toalla, baño y paseo largo.
Y cuando el tiempo se pone feo, no se para nada: rutas, cuevas, pueblos, museos… hay plan igual.
Aquí el tiempo no estropea el día, solo cambia el plan.
Aquí os dejamos una lista de cosas qué hacer en Llanes si llueve, con planes para disfrutar de Asturias incluso cuando el tiempo no acompaña.
Recorrer la costa en coche
Aunque llueva, recorrer la costa asturiana en coche sigue siendo un plan espectacular.
La niebla, el mar bravo y los acantilados crean paisajes impresionantes. Muchas veces Asturias está incluso más bonita con ese ambiente atlántico tan característico.
Podéis aprovechar para visitar Lastres, Ribadesella, Los Bufones de Pría, La Playa de Gulpiyuri, La Playa de Torimbia, La Ría de Niembro y El Mirador de la Boriza :
Lastres, uno de los pueblos más bonitos de Asturias
Lastres destaca por sus calles empinadas, sus casas mirando al mar y sus increíbles vistas de la costa asturiana.
Es uno de esos pueblos con muchísimo encanto donde merece la pena perderse tranquilamente y disfrutar de la gastronomía local.
Cerca de Lastres esta El Museo del Jurásico de Asturias, en Colunga, con mal tiempo es un plan perfecto: moderno, luminoso y totalmente a cubierto.
Entre lluvia y viento, ver las huellas de dinosaurios, fósiles y las enormes réplicas al aire libre desde dentro del museo hace que el día encaje igual de bien que con sol.
Ribadesella y la desembocadura del Sella
Ribadesella es uno de los pueblos costeros más conocidos de Asturias. Su paseo marítimo, el puerto, las terrazas junto al mar y el ambiente tranquilo hacen que sea una visita perfecta para pasar el día.
Además, desde aquí podéis visitar la famosa Cueva de Tito Bustillo o simplemente disfrutar paseando junto a la playa de Santa Marina.
Los Bufones de Pría:
Los Bufones de Pría con mal tiempo son de esos lugares donde la naturaleza deja de ser tranquila y se vuelve casi violenta y espectacular.
Cuando el mar Cantábrico está agitado y sopla viento fuerte, especialmente con pleamar, el agua del mar entra en las cavidades subterráneas de los acantilados y comprime el aire que hay dentro. Entonces, ese aire no tiene otra salida que las grietas verticales de la roca… y estalla hacia arriba.
En días de temporal, el paisaje cambia por completo:
El sonido es lo primero que impresiona. No es un simple “golpe de mar”, sino un rugido grave y repetido, como si la propia tierra respirara con fuerza. Ese “bufido” que les da nombre se escucha incluso antes de ver el chorro.
Luego llega el espectáculo visual. De repente, del suelo de las praderas junto al acantilado, brota un géiser de agua salada pulverizada, que puede alcanzar varios metros de altura. Con mal tiempo, los chorros no son esporádicos: pueden ser constantes, como si el mar estuviera “saliendo por dentro” de la tierra.
El ambiente es muy salvaje. El viento arrastra la lluvia horizontal, el cielo suele estar bajo y gris, y el mar rompe con violencia contra la base del acantilado. Todo está empapado, resbaladizo y lleno de sal en el aire. No es un paisaje cómodo, pero sí muy potente.
La Playa de Gulpiyuri:
La Playa de Gulpiyuri con mal tiempo cambia muchísimo su carácter, y de hecho puede llegar a ser incluso más “especial” (y algo inquietante) que en días soleados.
Es una pequeña playa de interior, escondida entre prados verdes, donde el mar del Cantábrico entra por túneles subterráneos. Cuando el tiempo empeora —cielo gris, lluvia fina o viento del norte— el paisaje se vuelve muy distinto:
El verde intenso de los prados se oscurece y la arena pierde su tono claro, quedando más apagada, casi dorada oscura. El sonido del mar no se ve, pero se siente: con el mal tiempo las mareas suelen estar más vivas y el agua que entra por la cueva subterránea hace que aparezcan pequeñas olas dentro del círculo de arena, como si el mar estuviera “encerrado” bajo tierra.
Con viento y lluvia ligera, el lugar se vuelve muy silencioso entre ráfagas, porque no hay pueblo ni construcciones alrededor, solo campo abierto. Esa sensación de aislamiento se intensifica: estás en medio de un prado asturiano… pero escuchando el mar sin verlo directamente.
Además, con mar revuelto, la playa puede reducirse mucho o incluso casi desaparecer en pleamar, quedando más como una laguna salada entre la hierba. El agua suele estar más turbia y fría, y el acceso (un camino de tierra desde Naves) se vuelve más embarrado.
La Playa de Torimbia:
La Playa de Torimbia con mal tiempo tiene una personalidad completamente distinta a la de Gulpiyuri: aquí todo es más grande, más abierto y más salvaje.
Es una enorme playa en forma de concha, rodeada por acantilados verdes muy altos, y cuando el cielo se pone gris o entra el viento del norte, el paisaje se vuelve mucho más dramático.
Con nubes bajas y lluvia fina, el verde de los prados que rodean el acantilado se intensifica, casi parece fluorescente, mientras que la arena dorada pierde brillo y se vuelve más apagada. Desde arriba, el mirador ya transmite sensación de aislamiento, pero con mal tiempo esa sensación se multiplica: parece que la playa está “encerrada” entre montañas y mar.
El mar Cantábrico aquí se nota de verdad cuando está revuelto. Las olas entran con más fuerza y rompen en una línea amplia, dejando espuma blanca que contrasta muchísimo con el cielo gris. El viento suele ser protagonista: baja por el acantilado y se siente fuerte incluso antes de llegar a la arena.
A diferencia de días soleados, donde Torimbia es luminosa y casi tropical en color, con mal tiempo se vuelve más salvaje y seria. Hay menos gente (o nadie), y el sonido dominante es el de las olas golpeando y el viento moviendo la hierba alta en lo alto del acantilado.

La Ría de Niembro y la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores
A pocos minutos de Llanes se encuentra uno de los rincones más fotogénicos y sorprendentes de la costa asturiana: la Ría de Niembro. Este tranquilo estuario, donde el mar y la tierra se funden en un paisaje cambiante con las mareas, ofrece una de las estampas más emblemáticas del concejo.
Presidiendo el paisaje se alza la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, situada sobre una pequeña península que parece flotar sobre las aguas cuando la marea está alta. Su reflejo en la ría crea una imagen tan especial que ha servido de escenario para numerosas películas y series.
Lo más fascinante de este lugar es que cambia completamente según la marea. En pleamar, la iglesia parece rodeada por el agua, mientras que en bajamar emergen bancos de arena y pequeños canales que dibujan un paisaje completamente diferente. Cada visita ofrece una imagen única.
El entorno invita a pasear sin prisas, disfrutar del silencio y contemplar uno de los paisajes más auténticos de Asturias. Muy cerca se encuentran además las playas de Toranda y Torimbia, dos de las más espectaculares de la costa llanisca.

Mirador de La Boriza: las mejores vistas de la costa de Llanes
Si hay un lugar capaz de resumir la belleza de la costa llanisca en una sola panorámica, ese es el Mirador de La Boriza. Situado entre las playas de Andrín y Ballota, este espectacular balcón natural ofrece unas vistas privilegiadas del mar Cantábrico, los acantilados y las montañas de la Sierra del Cuera.
Desde aquí podrás contemplar algunos de los paisajes más impresionantes de Llanes. A un lado se extiende la salvaje Playa de Andrín, mientras que al otro aparece la Playa de Ballota, ambas rodeadas por verdes praderas y abruptos acantilados que se precipitan sobre el mar.
Es un lugar ideal para detenerse unos minutos, respirar aire puro, hacer fotografías o simplemente contemplar el paisaje. No importa la época del año: cada estación ofrece una luz y unos colores diferentes que hacen que siempre merezca la pena volver.

Visitar cuevas y centros culturales
Muy cerca de Llanes podéis visitar lugares perfectos para días de lluvia como el museo del Archivo de Indianos, la Cueva de Tito Bustillo o la Cueva del Pindal.
El Museo del Archivo de Indianos:
El museo del Archivo de Indianos, en Colombres es uno de los museos más singulares de Asturias porque no es solo un museo: es una gran casa palaciega que cuenta la historia de la emigración asturiana a América.
El museo está ubicado en la Quinta Guadalupe, un palacete de 1906 construido por un indiano que hizo fortuna en México. Solo el edificio ya impacta: es grande, muy ornamentado y rodeado de jardines con fuentes, como si fuera una pequeña residencia señorial en medio del pueblo.
Dentro, el recorrido te lleva por la historia de los emigrantes asturianos que cruzaron el Atlántico entre los siglos XIX y XX. No es un museo “de vitrinas sueltas”, sino un relato completo del viaje: desde la salida del pueblo, los barcos y la travesía, hasta la vida en América (Cuba, México, Argentina…) y el regreso de algunos con fortuna.
Hay salas que reproducen el ambiente de la época, documentos reales, fotografías, billetes de barco, carteles de compañías navieras y objetos personales. Todo está montado para que entiendas cómo era dejar Asturias con poco más que una maleta y volver, en algunos casos, convertido en “indiano”, alguien que construía estas casas tan llamativas en su tierra.
Con mal tiempo, es un sitio especialmente cómodo: es amplio, totalmente interior en su recorrido principal, y el contraste con el exterior lluvioso de Colombres hace que la visita sea más inmersiva. Además, el propio edificio parece más “dramático” cuando lo ves con el cielo gris o la lluvia en los jardines.
La Cueva de Tito Bustillo y su Centro de Arte Rupestre:
La Cueva de Tito Bustillo es uno de esos lugares donde el mal tiempo, en realidad, encaja perfectamente con la experiencia.
Con mal tiempo, el entorno exterior de Ribadesella suele aparecer húmedo, con cielos bajos y el típico gris cantábrico, lo que ya te mete en ambiente antes incluso de entrar. El acceso a la cueva está en el macizo de Ardines, rodeado de verde intenso y roca, y en días de lluvia el camino transmite esa sensación de “entrada a otro mundo”.
Pero lo importante pasa dentro.
La cueva es un espacio profundo, silencioso y constante: la temperatura se mantiene estable y el exterior desaparece por completo. En días de lluvia o viento, esa sensación de aislamiento se amplifica todavía más, como si estuvieras literalmente entrando bajo la montaña y bajo el tiempo.
Dentro, el recorrido es guiado y te lleva por una de las joyas del arte paleolítico europeo, con pinturas de hace miles de años. La luz es tenue y controlada, y eso hace que el mal tiempo exterior no solo no importe, sino que casi refuerza la experiencia: fuera hay tormenta o lluvia, dentro estás viendo representaciones humanas de otro mundo completamente distinto.
El Centro de Arte Rupestre, justo al lado, funciona como complemento perfecto en días malos. Es moderno, muy didáctico y te ayuda a entender lo que luego (o antes) ves en la cueva: cómo vivían, qué significaban las pinturas, y por qué este lugar es Patrimonio de la Humanidad. Es especialmente útil si el día está muy desapacible, porque puedes pasar allí bastante tiempo sin depender del clima.
La Cueva del Pindal:
La Cueva del Pindal con mal tiempo es de esos lugares donde el clima exterior casi deja de importar… y de hecho incluso mejora la experiencia.
Con mal tiempo, el entorno ya empieza fuerte: el acceso desde Pimiango atraviesa prados y acantilados con el Cantábrico al fondo, y en días grises o con viento el paisaje se vuelve más dramático, con el mar golpeando abajo y la vegetación muy saturada de verde oscuro. Ese contraste entre cielo bajo, acantilado y mar es muy potente incluso antes de entrar.
Pero lo interesante ocurre dentro.
La cueva es una galería larga y relativamente estrecha que se abre justo en el acantilado, como si estuviera “cosida” a la costa. Cuando fuera hay lluvia o viento, el cambio al entrar es muy marcado: pasas del ruido del mar y el viento al silencio total, a una temperatura estable y a una luz controlada. Esa transición hace que la sensación de refugio sea muy fuerte.
Dentro, el recorrido guiado te lleva por paneles con pinturas rupestres de miles de años: bisontes, caballos y otros animales, junto con signos abstractos.
El Centro de Interpretación del Pindal, justo al lado, completa muy bien la visita en días malos. Es donde entiendes el contexto de la cueva, cómo vivían sus habitantes y por qué ese lugar, tan expuesto al Cantábrico, acabó siendo un refugio cultural prehistórico. En días de lluvia es casi perfecto para alargar la visita sin depender del exterior.

Son planes tranquilos y muy interesantes para conocer mejor la historia y la cultura asturiana.
Acuario de Gijón: un plan perfecto para los días de lluvia
Si el tiempo no acompaña durante tu estancia en Llanes, el BIOPARC Acuario de Gijón es una de las mejores excursiones para hacer. Situado a poco más de una hora en coche, permite recorrer distintos ecosistemas marinos de todo el mundo sin preocuparse por la lluvia. Durante la visita podréis descubrir más de 60 acuarios, contemplar el gran oceanario con tiburones y conocer especies del mar Cantábrico, los ríos, los océanos tropicales y mucho más. Es una actividad entretenida, educativa y apta para todas las edades, ideal para disfrutar de un día diferente cuando el tiempo no invita a la playa o a las rutas al aire libre.
Pasear por el casco histórico de Llanes
Llanes tiene un ambiente especialmente bonito los días de lluvia. Sus calles empedradas, los edificios históricos y el puerto marinero crean una atmósfera muy auténtica.
Te recomendamos leer nuestro artículo "Qué ver en Llanes: playas, paseos y rincones imprescindibles", donde encontrarás una selección de lugares que no te puedes perder durante tu estancia.
Un paraguas, un paseo tranquilo y una parada para tomar algo caliente pueden convertirse en uno de los mejores recuerdos del viaje.


Disfrutar de la gastronomía asturiana
Los días lluviosos son perfectos para descubrir la gastronomía asturiana sin prisas.
En Llanes podéis encontrar sidrerías tradicionales, restaurantes con vistas al mar, marisco y pescado fresco, quesos asturianos y cocina casera típica.
Algunos de nuestros restaurantes favoritos son El Bálamu, El Cuera,
La Marina, El Buzu, El Campanu, El Pinín, La Casona y el Mirador de Toró.
Nada mejor que refugiarse del mal tiempo disfrutando de una buena comida asturiana.
Relajarse en la casa rural
A veces el mejor plan en Asturias es simplemente parar.
En El Nido de la Ardilla, casa rural en Llanes nos gusta pensar que los días de lluvia también invitan a disfrutar de la calma: leer tranquilamente, descansar, ver una película, disfrutar del jardín y del sonido de la lluvia pero sobre todo desconectar del ritmo diario.
Porque unas vacaciones en Asturias también consisten en eso.
Asturias también se disfruta bajo la lluvia.
La lluvia forma parte de la esencia del norte y no impide disfrutar de Llanes. Al contrario muchas veces crea paisajes, ambientes y momentos todavía más especiales.
Si buscáis una casa rural en Llanes para desconectar y disfrutar Asturias en cualquier época del año, os esperamos en El Nido de la Ardilla para vivir el norte con calma, naturaleza y tranquilidad.



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